En política, las palabras no siempre conservan el significado con el que fueron pronunciadas y, para demostrarlo, el análisis del discurso político es una herramienta clave. Una expresión utilizada para desacreditar a un dirigente puede terminar formando parte de su propia campaña e incluso puede convertirse en un símbolo de identificación para sus seguidores.
Este fenómeno, conocido como resignificación discursiva, plantea una cuestión relevante para la comunicación política: ¿quién determina realmente el significado de un mensaje? Las estrategias de Lula da Silva en Brasil y Pedro Sánchez en España ofrecen dos ejemplos recientes de cómo determinadas expresiones pueden adquirir nuevos sentidos cuando cambian de emisor, contexto y audiencia.
Pero entender este proceso requiere ir más allá de las declaraciones de los protagonistas. También implica analizar cómo los contenidos circulan, qué interpretaciones construyen las comunidades digitales y de qué manera esas interpretaciones se incorporan a la conversación pública adquiriendo nuevos significados.
¿Quién construye el significado de un mensaje político?
Tradicionalmente, la comunicación política se ha estudiado atendiendo a las estrategias de los emisores, en otras palabras, qué dicen los dirigentes, cómo elaboran sus mensajes de campaña y a quiénes buscan llegar. Sin embargo, el entorno digital ha ampliado el papel de las audiencias en este proceso. Ya en Convergence Culture (2006), Henry Jenkins explicaba que la convergencia mediática no es únicamente un cambio tecnológico, sino una transformación cultural donde los contenidos circulan entre diferentes plataformas y los públicos participan activamente en su interpretación, distribución y modificación.
Desde esta perspectiva, los ciudadanos no son solamente receptores de mensajes políticos. También son productores de nuevas interpretaciones. Así es como observamos que un discurso puede transformarse en un meme en apenas unos minutos, una frase puede circular fuera de su contexto original y volverse tendencia, y una descalificación puede convertirse en una expresión reivindicativa.
Martínez Sánchez (2017) profundiza en esta transformación mediante el concepto de remix, entendido como una práctica de reapropiación y modificación de contenidos dentro de la cultura digital. Aunque su trabajo se centra en la producción artística, ofrece un marco útil para comprender cómo las comunidades reutilizan materiales existentes y les atribuyen nuevos significados. En la comunicación política, esta lógica permite explicar por qué una expresión inicialmente negativa puede ser recuperada por el propio destinatario y utilizada para construir una narrativa diferente.
El papel de las comunidades y las identidades
La resignificación no depende solamente de cambiar una palabra de contexto. También intervienen los valores, las identidades y las representaciones que comparten quienes participan en la conversación, porque claro, no basta con que una persona resignifique una expresión, debe ser el grupo el que apoye esa interpretación y la posicione.
Neves y Ferreira (2020), en su investigación sobre comentarios de Instagram, muestran cómo los insultos y las expresiones intolerantes pueden funcionar como mecanismos de posicionamiento y construcción identitaria, especialmente analizando casos políticos de Brasil. Su estudio habla de cómo el lenguaje en las redes sociales de perfiles políticos crea las fronteras simbólicas entre un «nosotros» y un «ellos», reforzando las diferencias entre grupos.
Por su parte, Melo Catelão y Oliveira (2021) explican cómo los estereotipos y las representaciones sociales compartidas intervienen en estos debates digitales, donde una expresión puede adquirir fuerza argumentativa porque conecta con ideas que una comunidad ya reconoce. Estos aportes permiten comprender una característica fundamental de la resignificación: una misma palabra puede reforzar la identificación de un grupo y, simultáneamente, mantener su carácter ofensivo para otro.
De la descalificación a la identidad: los casos de Lula y Sánchez
Lula da Silva: cuando un apellido se convierte en símbolo de identidad
Durante la campaña presidencial brasileña de 2026, Lula da Silva convirtió su propio apellido en el eje de una narrativa sobre la identidad nacional, el territorio y la soberanía.
En un spot narrado por el actor Wagner Moura, la campaña recuperó el origen latino de la palabra silva, que significa bosque o selva, para establecer una conexión con el apellido Silva, uno de los más extendidos en Brasil. A partir de este juego lingüístico, el mensaje construyó una identidad compartida entre el candidato y la población brasileña bajo la consigna «Somos todos Silva».
La estrategia fue más allá de una referencia etimológica. La selva y la Amazonía aparecían como símbolos de pertenencia, mientras que el apellido del candidato se vinculaba con las raíces populares y la defensa de los recursos naturales del país.
El caso adquirió una dimensión adicional cuando el expresidente argentino Alberto Fernández compartió el spot en sus redes sociales y generó, nuevamente, controversias. En junio de 2021, Fernández había generado un fuerte rechazo al afirmar que los brasileños provenían de la selva, una declaración considerada despectiva por distintos sectores y por la que posteriormente pidió disculpas. Cinco años después de sus desafortunados dichos, al observar el mensaje de Lula, Fernández recuperó aquella polémica y publicó un comentario irónico: «No más preguntas, señor juez», dando a entender que el spot respaldaba su antigua afirmación.
Sin embargo, ambos mensajes respondían a contextos e intenciones diferentes. Mientras Fernández había utilizado la referencia a la selva en una comparación sobre los orígenes de diferentes pueblos, la campaña de Lula partía de su apellido para construir un relato de identidad colectiva y soberanía nacional.
Alberto Fernández ironizó con un video de Lula da Silva donde afirma que "el pueblo brasileño siempre ha sido de la selva". https://t.co/Sdl8jOq30L pic.twitter.com/nYhAsch6Qu
— Corta (@somoscorta) September 25, 2026
Esta diferencia permite observar uno de los principios centrales del análisis del discurso político: la coincidencia de palabras no implica una coincidencia de significados. Desde la perspectiva de la cultura participativa de Henry Jenkins (2006), el episodio también permite analizar cómo un contenido producido para una campaña puede circular fuera de su contexto original y ser reinterpretado y reutilizado por otros actores.
Pedro Sánchez: de «Perro Sanxe» a «zurdo y orgulloso»
Con Pedro Sánchez podemos observar claramente dos ejemplos de cómo una estrategia de resignificación puede repetirse con expresiones y contextos diferentes. Durante las elecciones generales españolas de 2023, el apodo «Perro Sánchez», utilizado por detractores del presidente, fue transformado por comunidades digitales afines al PSOE en «Perro Sanxe». La modificación incorporaba humor, memes e imágenes de perros, desplazando parcialmente el sentido original de la expresión hacia una representación irónica y reivindicativa. Esta propuesta tuvo tanto éxito que el partido terminó incorporando referencias al apodo en su propia comunicación.
Un mecanismo parecido apareció en 2024, cuando Sánchez recuperó el término «zurdo», utilizado despectivamente por Javier Milei para referirse a sus adversarios ideológicos, para promover políticas sociales y económicas, convirtiéndola en una afirmación de identidad.
La expresión volvió a adquirir protagonismo en octubre de 2026, con una campaña del PSOE que reivindicaba el lema «Zurdos y orgullosos». En este caso, el cambio de significado se construyó mediante una asociación directa, aquello que un adversario utilizaba como descalificación se presentaba como una característica asumida positivamente, considerando también que España se dirige a elecciones en noviembre.
Sin embargo, la disputa discursiva no terminó ahí. Otros actores políticos reutilizaron la consigna para elaborar respuestas críticas y satíricas. El recorrido muestra que la resignificación no necesariamente cierra un debate. Por el contrario, puede abrir nuevas disputas sobre el significado de una misma expresión.
Otros ejemplos de resignificación en América Latina
Aunque presentan diferencias importantes, otros casos latinoamericanos muestran cómo las etiquetas asociadas a figuras políticas pueden ser reapropiadas o reinterpretadas.
En Argentina, el insulto sexista «la yegua», dirigido a Cristina Fernández de Kirchner, fue adoptado por sectores de su militancia mediante expresiones como «Orgullosamente Yegua», que transformaban la descalificación en una señal de identificación política.
En México, el apodo «El Peje», asociado a Andrés Manuel López Obrador y a sus orígenes en Tabasco, terminó formando parte de su identidad pública y del universo de símbolos utilizados por sus seguidores.
También Xóchitl Gálvez incorporó a su relato político la historia de haber vendido gelatinas durante su infancia, después de que esa experiencia fuera objeto de ironías y cuestionamientos. En este caso, más que reapropiarse de un insulto concreto, utilizó una narrativa personal cuestionada por sus adversarios para reforzar su biografía pública.
Los ejemplos permiten reconocer diferentes modalidades de resignificación: apropiarse de una etiqueta negativa, transformar un apodo en identidad o recuperar una historia cuestionada para construir un relato propio.
¿Qué aporta el análisis de datos para comprender estos fenómenos?
La transformación de los mensajes políticos plantea un problema metodológico: identificar una palabra no equivale a comprender su significado. Una publicación que menciona «zurdo» puede expresar adhesión, rechazo, humor, ironía o simplemente informar sobre una campaña.
Si todas las menciones se interpretaran de la misma manera, el resultado sería una lectura incompleta de la conversación. Esta dificultad también aparece en investigaciones sobre discurso político digital. Losada-Díaz, Zamora-Medina y Martínez-Martínez (2021) analizaron 423 comentarios publicados en Instagram durante las elecciones generales españolas de 2019 e identificaron discurso de odio en el 3,8 % del corpus. Aunque su investigación no estudia específicamente procesos de resignificación, demuestra la importancia de definir criterios de clasificación claros para examinar las interacciones políticas.
Para comprender cómo cambia el significado de un mensaje, el análisis debe contemplar varias dimensiones:
- Contexto de origen: cuándo aparece la expresión, quién la utiliza y con qué intención.
- Comunidades participantes: qué grupos recuperan el mensaje y qué valores o identidades expresan.
- Función del lenguaje: si la palabra aparece como insulto, reivindicación, ironía o referencia informativa.
- Circulación del contenido: qué plataformas, formatos y actores contribuyen a difundirlo.
- Evolución temporal: cómo cambia la conversación antes y después de determinados acontecimientos.
El análisis de datos para toma de decisiones permite identificar patrones y observar su evolución. Sin embargo, la interpretación requiere combinar métodos cuantitativos con análisis cualitativo del discurso. Por ejemplo, un incremento de menciones no demuestra necesariamente mayor aceptación de una consigna. Puede reflejar una controversia, una respuesta de los adversarios o una circulación irónica del contenido.
Del mismo modo, un sentimiento aparentemente positivo no siempre representa apoyo político. El humor y el sarcasmo pueden alterar el sentido literal de las publicaciones. Por eso, interpretar correctamente una conversación exige comprender no solo qué se dice, sino quién lo dice, desde qué posición y en qué contexto.
Comprender el contexto también permite identificar riesgos
Las estrategias de resignificación no garantizan una recepción favorable. Un mensaje puede fortalecer la identificación de determinadas comunidades mientras provoca rechazo en otras. Incluso puede ser reutilizado por actores adversarios con sentidos distintos.
Estas dinámicas son especialmente relevantes para el análisis de riesgo reputacional pues monitorear la conversación permite detectar cuándo una expresión comienza a adquirir nuevas interpretaciones, qué comunidades participan en su circulación y si aparecen narrativas que podrían afectar la percepción pública de una figura o institución.
En este proceso, la inteligencia artificial contribuye a procesar grandes volúmenes de información, mientras que el análisis humano aporta el contexto necesario para interpretar matices discursivos.
El significado de un mensaje no termina en quien lo pronuncia
Los casos de Lula da Silva y Pedro Sánchez muestran que la comunicación política no consiste únicamente en construir mensajes y distribuirlos sino que también implica comprender cómo las audiencias participan en su interpretación y cómo determinadas expresiones pueden cambiar de función a medida que circulan.
Los conceptos de cultura participativa, remix, identidad y argumentación polémica ofrecen herramientas para analizar estas transformaciones. Para consultores, investigadores y equipos de comunicación, el aprendizaje es claro: estudiar una conversación únicamente a partir de palabras clave, menciones o indicadores de engagement puede conducir a conclusiones incompletas.
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5 aprendizajes clave
- El significado político no es inmutable. Una expresión puede adquirir sentidos diferentes según el contexto y las comunidades que la utilizan.
- Las audiencias no son receptoras pasivas. Participan en la transformación y circulación de los mensajes mediante comentarios, memes y nuevas narrativas.
- La resignificación tiene distintas formas. Puede convertir un insulto en reivindicación, un apodo en símbolo identitario o una crítica en un relato de campaña.
- La viralidad no demuestra aceptación. Una expresión muy difundida puede reunir interpretaciones contrapuestas y no implica necesariamente persuasión electoral.
- Los datos necesitan contexto. Combinar el análisis cuantitativo con la interpretación cualitativa permite comprender mejor las conversaciones políticas y sus posibles implicaciones reputacionales.
Referencias bibliográficas
- Jenkins, H. (2006). Convergence Culture: Where Old and New Media Collide. NYU Press.
- Martínez Sánchez (2017). La obra de arte en la era del «remix».
- Neves y Ferreira (2020). Discurso intolerante e a rede social Instagram: uma análise de insultos e palavrões em comentários de seguidores.
- Melo Catelão y Oliveira (2021). Comentários online e as noções de estereótipo e lugar no quadro da argumentação polêmica.
- Losada-Díaz, Zamora-Medina y Martínez-Martínez (2021). El discurso del odio en Instagram durante las Elecciones Generales 2019 en España.